Licencia EMI: Qué Es y Cómo Puede Transformar Tu Negocio Fintech

Consultor fintech asesorando sobre requisitos de licencia EMI europea para instituciones de dinero electrónico

¿Qué es una Licencia EMI y su base legal en Europa?

Una Licencia EMI (Electronic Money Institution) es la autorización regulatoria que permite a una empresa operar como Entidad de Dinero Electrónico (EDE). Esto significa que la compañía puede emitir dinero electrónico –valor monetario almacenado digitalmente– y prestar diversos servicios de pago asociados. En la práctica, una EMI habilita a la fintech para ofrecer a sus clientes cuentas de pago y monederos electrónicos, donde pueden ingresar fondos (convertidos en dinero electrónico) y realizar transacciones como pagos, transferencias o retiro de efectivo, todo bajo la supervisión de autoridades financieras. La base legal de las EMI en Europa se establece en la Segunda Directiva de Dinero Electrónico (EMD2) –Directiva 2009/110/CE– que armoniza las reglas para la emisión de dinero electrónico en la UE. Esta directiva, junto con la Directiva de Servicios de Pago (PSD2), define los requisitos de autorización, capital mínimo, salvaguarda de fondos de clientes, derechos de pasaporte dentro del Espacio Económico Europeo (EEE) y otras obligaciones para estas entidades. Cada país miembro ha transpuesto estas normas a su legislación nacional (por ejemplo, en España la Ley 21/2011 regula las EDE), y los bancos centrales o entes reguladores nacionales (como el Banco de España, Banco de Lituania, etc.) son los encargados de otorgar y supervisar las licencias EMI en sus jurisdicciones.

Diferencias entre EMI, Institución de Pago y banco tradicional

Es importante distinguir una EMI de otros tipos de entidades financieras, en especial de las Instituciones de Pago (PI) y de los bancos tradicionales.

  • EMI vs Institución de Pago (PI): Una Institución de Pago con licencia PSD2 puede ofrecer servicios de pago (transferencias, pagos con tarjeta, domiciliaciones, etc.), pero no puede emitir dinero electrónico ni custodiar fondos de clientes más allá de lo necesario para ejecutar pagos. En cambio, una EMI sí está autorizada a mantener saldos de dinero electrónico de los usuarios en cuentas o monederos digitales y a emitir ese dinero electrónico contra la recepción de fondos. En resumen, la EMI abarca todos los servicios de pago de una PI más la facultad de gestionar saldos de clientes (ej.: ofrecer wallets con fondos almacenados), algo que la PI no puede hacer. Esta diferencia se refleja también en los requisitos regulatorios: las EMIs deben cumplir exigencias de capital inicial más altas (habitualmente €350.000 mínimo en la UE) y mayores medidas de seguridad de fondos, a diferencia de las PIs que requieren menos capital y tienen un proceso de autorización más simple.
  • EMI vs banco tradicional: Un banco comercial tiene una licencia bancaria que le permite captar depósitos del público y reutilizarlos (por ejemplo, otorgando créditos o préstamos e invirtiendo esos fondos). Una EMI no es un banco y tiene prohibido realizar actividades de banca tradicional: no puede aceptar depósitos reembolsables, ni prestar el dinero de sus clientes, ni pagar intereses sobre los saldos. El dinero entregado a una EMI no se considera un depósito bancario; legalmente es “dinero electrónico” emitido a cambio de fondos, y debe estar siempre disponible para reembolso por parte del cliente. Debido a esta limitación, las cuentas en una EMI no generan intereses para el usuario y la EMI no puede utilizar esos fondos para otorgar créditos. Otra diferencia es que los bancos suelen estar adheridos a un Fondo de Garantía de Depósitos estatal (que protege depósitos hasta 100.000 €), mientras que las EMI no cuentan con garantía de depósitos. No obstante, para proteger a los usuarios, la normativa exige a las EMI salvaguardar los fondos de clientes de dos maneras: manteniéndolos en cuentas segregadas en bancos de primer nivel o activos seguros de bajo riesgo, o contratando una póliza de seguro/garantía equivalente por esos fondos. De este modo, en caso de insolvencia de una EMI, el dinero de los clientes está separado del patrimonio de la entidad y debe reembolsarse íntegramente, aunque no exista un seguro de depósitos formal. En la práctica, si tu fintech solo necesita ofrecer cuentas de pago, tarjetas y transferencias, una EMI puede ser más ágil y económica que crear un banco. Pero si planeas captar depósitos para financiar préstamos u otros productos crediticios, entonces necesitarías una licencia bancaria tradicional (y cumplir requerimientos mucho mayores).

Ventajas de operar bajo una licencia EMI

Operar bajo una licencia EMI ofrece numerosas ventajas competitivas y operativas para una empresa fintech que desee escalar sus servicios de pagos digitales:

  • Acceso al mercado europeo (passporting): Con una licencia EMI emitida en cualquier país del EEE, la entidad puede pasaportear su licencia y operar en todos los países miembros sin tener que solicitar nuevas licencias locales. Esto permite lanzar servicios a escala paneuropea, atendiendo clientes en 27 países de la UE (más Islandia, Noruega y Liechtenstein) bajo un marco regulatorio único. Por ejemplo, una EMI autorizada en Lituania o España puede ofrecer sus productos en toda Europa notificando a los reguladores, en lugar de tener que constituir filiales bancarias en cada país.
  • SEPA y pagos internacionales: Las EMI tienen acceso a la Zona Única de Pagos en Euros (SEPA), lo que facilita efectuar y recibir transferencias en euros de forma rápida y con costos bajos en toda la zona SEPA. Además, pueden integrarse a redes de pagos internacionales (SWIFT) y emitir tarjetas de débito/prepago (p. ej. Visa/Mastercard) para sus clientes, ampliando la funcionalidad de sus cuentas. Esto significa que una fintech con licencia EMI puede actuar casi como un banco digital, emitiendo IBANs, tarjetas y procesando pagos globales, algo invaluable para modelos de negocio como neobancos o pasarelas de pago internacionales.
  • Confianza y marco regulatorio claro: Obtener una licencia EMI implica cumplir estrictos estándares de solvencia, seguridad y gobierno corporativo impuestos por un regulador reconocido. Ello brinda credibilidad ante clientes, inversionistas y partners: la EMI es vista como una entidad supervisada y confiable. El propio proceso de licencia fuerza a la fintech a implementar sólidas políticas de cumplimiento normativo (prevención de blanqueo de capitales, protección de datos, seguridad informática, etc.), lo cual reduce riesgos operativos. A diferencia de entornos no regulados, operar bajo las directivas europeas proporciona claridad legal y estabilidad para innovar en servicios financieros sin ambigüedades regulatorias.
  • Modelo de negocio ampliado: Con la licencia EMI, una fintech puede diversificar sus servicios más allá de solo intermediar pagos. Por ejemplo, puede custodiar fondos de usuarios en cuentas digitales durante tiempo indefinido (lo que habilita ofrecer wallets o cuentas de prepago), emitir tarjetas propias, ofrecer servicios como iniciación de pagos (PIS) o información de cuentas (AIS) bajo PSD2, y en general construir un ecosistema fintech completo. Al no depender de un banco externo para mantener saldos de clientes, la empresa gana autonomía para diseñar productos a medida (por ejemplo, programas de lealtad ligados al monedero, funcionalidades avanzadas en la app, etc.). También evita costos y limitaciones de tener que asociarse siempre a terceros: tener tu propia licencia EMI te da control total sobre la infraestructura financiera de tu producto.
  • Escalabilidad e innovación: Las entidades EMI, al ser nativas digitales y enfocadas en pagos, suelen incorporar tecnología de punta más rápido que la banca tradicional. Esto se traduce en mayor rapidez para lanzar nuevas funcionalidades (pagos instantáneos, integraciones con criptomonedas o open banking, etc.) y en experiencias de usuario mejoradas. Para una startup fintech, contar con la flexibilidad de una EMI permite innovar en nichos desatendidos por la banca tradicional, llegando primero al mercado con soluciones más ágiles. En suma, la licencia EMI se ha convertido en un pilar del ecosistema fintech europeo, impulsando la inclusión financiera digital y la competencia en servicios de pago.

Requisitos para obtener la licencia EMI

Conseguir una licencia EMI europea es un proceso riguroso. Las autoridades exigen demostrar que la nueva entidad tendrá la solvencia, estructura y controles necesarios para operar de forma segura. Si bien cada país tiene matices en el trámite, los requisitos fundamentales incluyen:

  • Capital social mínimo: Se requiere un capital inicial desembolsado de al menos 350.000 euros para una EMI autorizada en la UE. Este es el umbral establecido por la directiva europea, aunque en algunos casos nacionales podría exigirse más en función del volumen de operaciones proyectado. Además del capital inicial, la EMI debe mantener en todo momento fondos propios suficientes (coeficientes de solvencia) acorde al volumen de sus activos y transacciones, para garantizar su estabilidad financiera.
  • Estructura organizativa y plan de negocio: La empresa solicitante debe presentar un plan de negocio detallado, describiendo los servicios que prestará, el modelo de ingresos, proyecciones financieras y evaluación de riesgos. Asimismo, se evalúa que tenga una organización administrativa y contable adecuada, con sistemas de control interno robustos para gestionar la operativa con rigor. Esto implica contar con áreas de cumplimiento normativo, auditoría interna, gestión de riesgos y tecnología bien definidas. Las autoridades revisarán políticas y manuales (por ejemplo, plan de continuidad de negocio, políticas de seguridad de la información, etc.) para asegurarse de la madurez del proyecto.
  • Gobierno corporativo y accionistas idóneos: Se analizan los perfiles de los accionistas significativos, directores y altos cargos propuestos. Deben ser personas (o empresas) “fit & proper”, es decir, con honorabilidad, experiencia adecuada en el sector financiero y sin antecedentes que pongan en duda su idoneidad. El regulador evaluará la transparencia en el origen de los fondos de capital y la estructura societaria del grupo. La honorabilidad y reputación de administradores y socios es un factor crítico: cualquier involucramiento previo en actividades ilícitas o quiebras puede llevar a denegar la autorización. En resumen, se espera un equipo gestor competente y de confiabilidad demostrada.
  • Cumplimiento legal y técnico: La entidad debe preparar e implementar políticas para cumplir con todas las obligaciones regulatorias pertinentes. Esto abarca un exhaustivo programa de Prevención de Blanqueo de Capitales (AML/CFT) con procedimientos KYC (conoce a tu cliente), monitoreo de transacciones y reporte de operaciones sospechosas. También procedimientos de protección de datos personales (conforme al GDPR) y medidas estrictas de ciberseguridad para salvaguardar los fondos e información de clientes. Muchas autoridades requieren describir la arquitectura del sistema informático, esquemas de seguridad (encriptación, firewalls, etc.) y planes de respuesta a incidentes. Adicionalmente, suele exigirse la designación de un oficial de cumplimiento dedicado. En esencia, la fintech debe demostrar que operará con procesos seguros y conformes a la ley desde el día uno.
  • Requisitos formales y documentación: La empresa solicitante tiene que estar constituida con una forma jurídica válida en el país (por ejemplo, en España suele exigirse una S.A. o S.L. inscrita en el Registro Mercantil) y con objeto social acorde a las actividades de dinero electrónico. Se debe inscribir en el Registro Especial de Entidades de Dinero Electrónico del regulador local una vez autorizada. El expediente de solicitud generalmente incluye: estatutos sociales, identidades de accionistas y directivos, manual de cumplimiento (AML), manual de seguridad de la información, estados financieros proyectados, entre otros documentos. Tras presentar todo, el regulador evaluará la solicitud en un plazo que puede ir de algunos meses hasta más de un año, dependiendo de la jurisdicción.

Cabe destacar que obtener la licencia EMI es un proceso exigente y con costo significativo: además del capital inmovilizado, la empresa incurrirá en gastos de consultoría legal, asesores regulatorios, posibles tasas de solicitud (por ejemplo, en algunas jurisdicciones la tasa administrativa de solicitud puede ser del orden de 1.000 a 5.000 euros) y la inversión en sistemas tecnológicos y personal necesario para cumplir los controles exigidos. Todo ello debe ser planificado en el presupuesto inicial.

Jurisdicciones recomendadas para tramitar la licencia EMI

Una decisión estratégica al buscar una licencia EMI es elegir la jurisdicción adecuada. En la Unión Europea, aunque la regulación de base está armonizada, cada país miembro tiene su propio regulador financiero y algunas diferencias en tiempos, costos o enfoques. A continuación, se mencionan algunas jurisdicciones destacadas que los emprendedores fintech suelen considerar:

  • Lituania: Tras el Brexit, Lituania se consolidó como el hub preferido para fintech en Europa continental. El Banco de Lituania ha otorgado el mayor número de licencias EMI en los últimos años, gracias a un enfoque progresista y abierto a la innovación. Permite presentar la documentación en inglés y ofrece una especie de sandbox regulatorio para proyectos fintech, lo que agiliza y hace más accesible el proceso para solicitantes internacionales. Además, Lituania no exige que los directivos de la EMI residan en el país, facilitando la entrada de emprendedores extranjeros. El requisito de capital es el estándar €350.000, y los plazos típicos de autorización rondan 6 a 12 meses, algo competitivo en la UE. Muchos neobancos conocidos (por ejemplo, Revolut) han optado por licencias lituanas para operar en Europa.
  • Malta: Este pequeño estado miembro se ha posicionado como un destino atractivo para licencias financieras en general. La MFSA (autoridad financiera maltesa) ofrece un marco claro para EMI y ha promocionado un entorno fintech-friendly, con programas de incentivos y sandbox regulatorio. Malta exige €350.000 de capital inicial y es conocida por su entorno de negocios en inglés y personal regulador con experiencia internacional. Puede requerir presencia local (oficina y directores residentes). Su ventaja radica en una burocracia relativamente ligera y apoyo gubernamental a la industria fintech, si bien la supervisión sigue siendo estricta dado su compromiso con estándares europeos.
  • Irlanda o Luxemburgo: Son jurisdicciones con sólidos sectores financieros y reputación de estabilidad. Obtener una EMI en Irlanda implica tratar con el Banco Central irlandés, en un entorno de habla inglesa y con acceso fácil al mercado UE/UK. Luxemburgo, por su parte, es conocido por albergar instituciones financieras globales; ofrece certidumbre jurídica y suele ser preferido por empresas que buscan un sello de calidad alto (aunque los costes pueden ser mayores y el proceso más complejo). Ambas jurisdicciones cuentan con marcos legales maduros y pueden ser idóneas para fintech enfocadas en manejo de grandes volúmenes o clientes corporativos exigentes.
  • España: Aunque es el mercado natural para muchas fintech hispanohablantes, España no es la ruta más rápida para licenciarse. El Banco de España históricamente ha sido cauteloso en otorgar licencias EMI: a fecha reciente apenas una veintena de EDE estaban registradas en el país. Los trámites pueden demorar hasta 18-24 meses o más, lo que la convierte en una de las jurisdicciones más lentas. Sin embargo, obtener la licencia española ofrece la ventaja de operar en un gran mercado doméstico con un solo paso, y por supuesto habilita el pasaporte europeo. Para proyectos con fuerte arraigo local y que puedan esperar el proceso, España sigue siendo opción, más ahora que las autoridades buscan agilizar ciertos permisos. En caso contrario, muchos emprendedores españoles tramitan primero la EMI en países como Lituania o Irlanda y luego “pasaportean” a España para empezar operaciones.
  • Reino Unido (post-Brexit): Aunque ya fuera del EEE, merece mención el Reino Unido por su peso fintech. La FCA británica continúa emitiendo Electronic Money Licences muy solicitadas por startups que quieren operar en el mercado inglés. Una EMI del Reino Unido permite ofrecer servicios en ese país y ostenta prestigio regulatorio, pero no da acceso automático al mercado UE (se requeriría una licencia separada en la UE para operar allí tras el Brexit). No obstante, algunas fintech optan por doble vía: UK para Reino Unido y otra EMI en un estado de la UE para cobertura europea. El entorno londinense sigue siendo líder en innovación financiera, por lo que obtener una licencia allí puede ser parte de la estrategia si tu negocio apunta globalmente.

En definitiva, la elección de jurisdicción dependerá de tu estrategia de mercado, idioma, plazos tolerables y requisitos locales. Países como Lituania, Irlanda, Malta, Chipre, Holanda y otros han demostrado ser más ágiles o acogedores para nuevos jugadores, mientras que otros ofrecen la fortaleza de un nombre reconocido (p.ej., Reino Unido, Alemania) con trámites más laboriosos. Un asesoramiento especializado resulta muy valioso para sopesar estas opciones y escoger el destino óptimo para tu solicitud de EMI.

¿Qué empresas deberían considerar una Licencia EMI?

Una licencia EMI no es necesaria para todas las fintech, pero resulta fundamental para ciertos modelos de negocio. Deberían evaluarla aquellas empresas tecnológicas que desean ofrecer servicios financieros donde se manejen fondos de clientes de forma digital. Algunos casos de uso típicos son:

  • Neobancos y challenger banks: Startups fintech que ofrecen cuentas digitales y tarjetas como alternativa a la banca tradicional. Para permitir a los usuarios depositar dinero en sus apps y hacer pagos, necesitan ser EMI o asociarse con una. Ejemplos: bancos 100% móviles, cuentas para freelancers, apps bancarias para nichos específicos.
  • Wallets y monederos electrónicos: Aplicaciones que almacenan saldo a nombre de usuarios para pagos posteriores. Por ejemplo, billeteras digitales para envío de dinero P2P, pagos móviles, aplicaciones de prepago para comercio electrónico, saldo de apps de delivery o transporte, etc. Si el usuario carga dinero en la app para usarlo luego, la empresa detrás debe tener licencia EMI (o trabajar con una) para custodiar esos fondos legalmente.
  • Pasarelas de pago y procesadores: Proveedores de servicios de pago en e-commerce que retienen fondos de comercios o clientes temporalmente. Una pasarela de pago que facilita pagos con tarjeta y mantiene el dinero del comprador antes de abonarlo al vendedor puede requerir licenciarse como EMI, especialmente si ofrece funcionalidades de cuenta de pago o saldo intermedio (escrow). Igualmente, plataformas de crowdfunding o marketplaces que gestionan dinero de usuarios hasta que se cumple una condición (por ejemplo, recaudo de fondos hasta alcanzar una meta) entran en este ámbito.
  • Empresas de remesas y envío de dinero internacional: Si una fintech permite a usuarios tener un balance almacenado (en distintas divisas) para enviar o recibir transferencias internacionales, estará manejando dinero electrónico. Muchas plataformas de remesas o cambio de divisas online operan bajo licencias EMI para poder recibir dinero del remitente, custodiarlo momentáneamente y entregarlo al destinatario o convertirlo, cumpliendo con requisitos de salvaguarda.
  • Plataformas de criptomonedas con fiat on/off ramp: Los exchanges o apps cripto que habilitan a usuarios comprar/vender criptomonedas con euros u otras monedas fiduciarias suelen necesitar una EMI (o alianza con una) para gestionar la parte de dinero fiat. Por ejemplo, almacenar euros del cliente que vendió Bitcoin, o tener saldos en euros para comprar criptos. La EMI permite integrar cuentas IBAN, tarjetas y transferencias dentro de la plataforma cripto, dando una experiencia completa.
  • Servicios innovadores de “embedded finance”: Empresas no financieras que integran servicios financieros en sus productos. Por ejemplo, marketplaces de comercio electrónico que ofrecen saldo precargado o tarjetas de marca propia para sus usuarios, aplicaciones de fidelización con monedero recargable, fintech B2B2C que brindan cuentas de pago embebidas en soluciones de gestión empresarial, etc. Si la solución involucra mantener dinero del cliente en una cuenta de pago dedicada, la licencia EMI entra en juego.

En general, cualquier startup fintech cuyo modelo requiera custodiar valor monetario de clientes para uso electrónico debe plantearse obtener una EMI. Algunas optan por iniciar más rápido aliándose con una entidad ya licenciada (modelo Banking-as-a-Service, usando la licencia de un tercero) y más adelante tramitar su propia licencia para independizarse. Tener la licencia propia cobra sentido en el momento en que la empresa busca escalar, ganar autonomía en productos y mejorar márgenes (evitando comisiones a proveedores externos). Si tu negocio solo procesa pagos sin mantener fondos de clientes (por ejemplo, un payment gateway puro que liquida cada pago inmediatamente), quizás una licencia de Institución de Pago sea suficiente inicialmente. Pero si planeas crecer en la cadena de valor financiera ofreciendo cuentas y almacenar dinero de usuarios, la licencia EMI se vuelve prácticamente obligatoria para cumplir la regulación.

Aspectos a tener en cuenta antes de iniciar el proceso de obtención

Antes de lanzarse a solicitar una licencia EMI, es clave que los fundadores y equipos ejecutivos consideren varios factores prácticos:

  • Tiempos y planificación: Obtener una EMI no es rápido. Dependiendo del país y de la complejidad del proyecto, el proceso completo (desde la preparación del expediente hasta la respuesta del regulador) puede tardar entre 6 meses y 2 años. En jurisdicciones ágiles como Lituania, ha habido casos en ~6-9 meses; en otras como España, superar los 18 meses es común. Por tanto, la planificación del negocio debe contemplar este lapso sin operar (o la necesidad de operar provisionalmente bajo la licencia de un partner). También hay que considerar que el regulador puede requerir información adicional o ajustes al plan, lo que añade tiempo. Es prudente iniciar contactos preliminares con la autoridad financiera (muchos ofrecen fases de pre-solicitud o “sandbox” para discutir el proyecto) que permitan identificar requisitos desde temprano.
  • Costes y recursos necesarios: Más allá del capital mínimo (€350k inmovilizados), hay costes significativos: honorarios legales y de consultoría regulatoria, contratación de personal especializado (un Compliance Officer, por ejemplo, suele ser obligatorio), implementación de sistemas tecnológicos seguros, infraestructura de servidores, auditorías de seguridad, etc. Asimismo, tras obtener la licencia, mantenerla implica gastos continuos: auditorías externas anuales, cumplimiento de ratios de capital, reportes periódicos al regulador, renovación de seguros de garantía, formación continua del personal en normativas, entre otros. Es vital asegurarse de que el business plan contempla estos costos y que los inversionistas comprenden la inversión de tiempo y dinero que conlleva ser una entidad regulada.
  • Exigencia de cumplimiento permanente: La autorización es solo el comienzo; una EMI estará bajo supervisión constante. Los reguladores pueden realizar inspecciones, solicitar reportes de actividad (ej.: volúmenes de pago, incidencias de seguridad, reportes de blanqueo) y sancionar incumplimientos. Antes de iniciar, pregúntate si tu organización está lista para operar en un entorno altamente regulado. Esto significa tener una cultura interna de cumplimiento, controles rígidos que podrían no ser tan flexibles como en una startup no regulada, y tolerancia cero a desviaciones en procesos clave. La normativa evoluciona (por ejemplo, nuevas directivas AMLD5/6 en prevención de lavado, actualizaciones de PSD2 o futuras PSD3, etc.), por lo que la empresa debe comprometerse a actualizar continuamente sus procedimientos.
  • Modelo de negocio viable y claro: Los reguladores querrán ver que tu fintech tiene un modelo sostenible y que la EMI no será usada para fines indebidos. Un plan de negocio poco claro o demasiado riesgoso (por ejemplo, enfocado en clientes de altísimo riesgo sin mitigantes suficientes) puede generar reservas. Antes de aplicar, asegúrate de pulir tu estrategia: define tu nicho de mercado, cómo monetizarás tus servicios, qué volúmenes de clientes y transacciones proyectas y cómo manejarás los riesgos inherentes. Un caso de uso sólido, con proyecciones realistas y medidas de control bien pensadas, no solo aumentará las probabilidades de obtener la licencia, sino que servirá de guía operativa una vez la consigas.
  • Alternativas temporales: Dado lo anterior, vale la pena considerar estrategias paralelas. Algunas startups optan por comenzar operaciones aliándose con una EMI existente (proveedores BaaS que “prestan” su licencia y infraestructura mediante APIs) para probar el mercado y ganar clientes mientras tramitan su propia licencia. Otra vía es iniciar con una licencia de Institución de Pago si el servicio lo permite, ya que requiere menor capital (por ejemplo, €125k para servicios de pago más limitados) y luego escalar a EMI. Estas alternativas pueden acelerar la salida al mercado, aunque a costa de cierta dependencia. No obstante, si tu meta es convertirte en una fintech plenamente independiente y de alcance internacional, obtener la Licencia EMI propia es el camino para lograrlo, y conviene prepararse cuidadosamente para ello.

Cómo puede ayudar Paynfinity en el proceso

En Paynfinity comprendemos la complejidad y desafíos de obtener una licencia EMI, así como el enorme potencial que desbloquea para un negocio fintech. Nuestro equipo ofrece asesoría integral durante todo el proceso: desde la selección de la jurisdicción óptima para tu caso, la preparación de la documentación y planes requeridos, hasta la interacción con los reguladores y el cumplimiento de todos los requisitos legales y técnicos. Hemos ayudado a emprendedores a estructurar sus empresas, diseñar sus políticas de cumplimiento y presentar solicitudes sólidas que cumplen con las expectativas de las autoridades.

Obtener una EMI puede transformar tu fintech, pero no tiene por qué ser un camino solitario. Paynfinity puede acompañarte como socio experto, facilitando cada etapa de la tramitación y minimizando riesgos de demora o denegación. Si estás listo para dar el siguiente paso hacia la independencia financiera de tu proyecto, no dudes en contactarnos. Te invitamos a conocer más sobre nuestro servicio de apoyo en licencias financieras. ¡Haz crecer tu negocio fintech con la confianza de estar en buenas manos!

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